20 de enero de 2026

El interesante discurso de Mark Carney ante el Foro de Davos

 



Dado su indudable interés, las valiosas reflexiones planteadas y la oportunidad del momento, me parece pertinente, como documento aleccionador, insertar el discurso integro pronunciado el 20 de enero de 2026 por el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, en la Cumbre de Davos: 


“Es un placer, y un deber, estar con ustedes en este momento decisivo para Canadá y para el mundo.

Hoy hablaré sobre la ruptura del orden mundial, el fin de una bonita historia y el comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica entre las grandes potencias no está sujeta a ningún límite.

Pero también les digo que otros países, en particular las potencias medias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que encarne nuestros valores, como el respeto por los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.

El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.

Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de gran rivalidad entre potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.

Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable, como la lógica natural de las relaciones internacionales que se reafirma. Y, ante esta lógica, existe una fuerte tendencia de los países a apaciguar para llevarse bien. A adaptarse. A evitar problemas. A esperar que la docilidad les garantice la seguridad.

No será así.

Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?

En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él, planteaba una pregunta sencilla: ¿cómo se mantenía el sistema comunista?

Su respuesta comenzaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero colocaba un cartel en su escaparate: ‘¡Proletarios de todos los países, uníos!’. Él no creía en ello. Nadie cree en ello. Pero coloca el cartel de todos modos, para evitar problemas, para mostrar su conformidad, para llevarse bien con los demás. Y, como todos los tenderos de todas las calles hacen lo mismo, el sistema persiste.

No solo a través de la violencia, sino también a través de la participación de la gente común en rituales que, en privado, saben que son falsos.

Havel lo llamó ‘vivir en una mentira’. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la voluntad de todos de actuar como si fuera verdad. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar así, cuando el verdulero quita su cartel, la ilusión comienza a resquebrajarse.

Es hora de que las empresas y los países quiten sus carteles.

Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamábamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, elogiamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos aplicar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.

Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor en función de la identidad del acusado o de la víctima.

Esta ficción era útil y la hegemonía estadounidense, en particular, contribuía a proporcionar bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los marcos para la resolución de controversias.

Así que colocamos el cartel en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las diferencias entre la retórica y la realidad.

Ese acuerdo ya no funciona.

Permítanme ser directo: nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición.

Durante las últimas dos décadas, una serie de crisis en las finanzas, la salud, la energía y la geopolítica pusieron de manifiesto los riesgos de una integración global extrema.

Más recientemente, las grandes potencias comenzaron a utilizar la integración económica como arma. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar.

No se puede ‘vivir en la mentira’ del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación.

Las instituciones multilaterales en las que confiaban las potencias medias —la OMC [Organización Mundial del Comercio], la ONU, la COP [Conferencia de las Partes, la cumbre anual de Naciones Unidas sobre el cambio climático]—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, se han visto muy mermadas.

Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar una mayor autonomía estratégica: en materia de energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro.

Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de combustible o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú mismo.

Pero seamos claros sobre adónde nos lleva esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.

Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la apariencia de normas y valores para perseguir sin obstáculos su poder e intereses, los beneficios del ‘transaccionalismo’ serán más difíciles de replicar. Las potencias hegemónicas no pueden monetizar continuamente sus relaciones.

Los aliados se diversificarán para protegerse contra la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán sus opciones. Esto reconstruye la soberanía, una soberanía que antes se basaba en las normas, pero que cada vez se fundamentará más en la capacidad de resistir la presión.

Como ya he dicho, esta gestión clásica del riesgo tiene un precio, pero el coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que construir cada uno su propia fortaleza. Las normas compartidas reducen la fragmentación. Las complementariedades son sumas positivas.

La cuestión para las potencias medias, como Canadá, no es si adaptarse a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La cuestión es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos o si podemos hacer algo más ambicioso.

Canadá fue uno de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar fundamentalmente nuestra postura estratégica.

Los canadienses saben que nuestra antigua y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras alianzas nos conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.

Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado ‘realismo basado en valores’ o, dicho de otro modo, nuestro objetivo es ser pragmáticos y guiarnos por principios.

Esos principios que nos guían son nuestro compromiso con los valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza, salvo cuando sea conforme con la Carta de las Naciones Unidas y el respeto de los derechos humanos.

Somos pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser gradual, que los intereses divergen y que no todos los socios comparten nuestros valores. Nos comprometemos de manera amplia y estratégica, con los ojos bien abiertos. Aceptamos activamente el mundo tal y como es, sin esperar a que sea como deseamos.

Canadá está calibrando nuestras relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos dando prioridad a una amplia participación para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del orden mundial, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego para el futuro.

Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.

Estamos construyendo esa fortaleza en nuestro país.

Desde que mi gobierno asumió el poder, hemos reducido los impuestos sobre los ingresos, las ganancias de capital y la inversión empresarial, hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial y estamos acelerando una inversión de un billón de dólares en energía, inteligencia artificial, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y mucho más.

Vamos a duplicar nuestro gasto en defensa para 2030 y lo estamos haciendo de manera que se fortalezcan nuestras industrias nacionales.

Nos estamos diversificando rápidamente en el extranjero. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, que incluye la adhesión a SAFE, el acuerdo europeo de adquisición de material de defensa.

En los últimos seis meses hemos firmado otros 12 acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes.

En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Qatar.

Estamos negociando acuerdos de libre comercio con la India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y el Mercosur.

Para ayudar a resolver los problemas mundiales, estamos aplicando una geometría variable, es decir, diferentes coaliciones para diferentes cuestiones, basadas en valores e intereses.

En lo que respecta a Ucrania, somos un miembro fundamental de la Coalición de los Voluntarios y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad.

En cuanto a la soberanía del Ártico, apoyamos firmemente a Groenlandia y Dinamarca y respaldamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia. Nuestro compromiso con el artículo 5 [de la OTAN] es inquebrantable.

Estamos trabajando con nuestros aliados de la OTAN (incluidos los ocho países nórdicos y bálticos) para reforzar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, entre otras cosas mediante inversiones sin precedentes de Canadá en radares de horizonte lejano, submarinos, aviones y tropas sobre el terreno. Canadá se opone firmemente a los aranceles sobre Groenlandia y pide que se celebren conversaciones específicas para alcanzar los objetivos comunes de seguridad y prosperidad para el Ártico.

En materia de comercio plurilateral, defendemos los esfuerzos por tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas.

En cuanto a los minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse del suministro concentrado.

En materia de inteligencia artificial, estamos cooperando con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemonías e hypercalers [grandes empresas de servicios de infraestructura y nube privada, que cuentan incluso con millones de servidores].

No se trata de un multilateralismo ingenuo. Tampoco se trata de depender de instituciones debilitadas. Se trata de crear coaliciones que funcionen, tema por tema, con socios que compartan suficientes puntos en común para actuar juntos. En algunos casos, esto supondrá la gran mayoría de las naciones.

Y se trata de crear una densa red de conexiones entre el comercio, la inversión y la cultura, a la que podamos recurrir para afrontar los retos y oportunidades del futuro.

Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú.

Las grandes potencias pueden permitirse actuar por su cuenta. Tienen el tamaño del mercado, la capacidad militar y la influencia para dictar las condiciones. Las potencias medias, no. Pero cuando solo negociamos bilateralmente con una potencia hegemónica, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros para ser los más complacientes.

Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía al tiempo que se acepta la subordinación.

En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por el favor o unirse para crear una tercera vía con impacto.

No debemos permitir que el auge del poder duro nos impida ver que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte, si decidimos ejercerlo juntos.

Lo que me lleva de vuelta a Havel.

¿Qué significaría para las potencias medias ‘vivir en la verdad’?

Significa llamar a las cosas por su nombre. Dejar de invocar el ‘orden internacional basado en normas’ como si siguiera funcionando tal y como se anunciaba. Llamar al sistema por lo que es: un periodo de intensificación de la rivalidad entre las grandes potencias, en el que las más poderosas persiguen sus intereses utilizando la integración económica como arma de coacción.

Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a los aliados y a los rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica procedente de una dirección, pero guardan silencio cuando proviene de otra, estamos manteniendo el cartel en la ventana.

Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que se restablezca el antiguo orden, crear instituciones y acuerdos que funcionen tal y como se describe.

Y significa reducir la capacidad de influencia que permite la coacción. Construir una economía nacional fuerte siempre debe ser la prioridad de todo gobierno. La diversificación internacional no es solo prudencia económica, es la base material de una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a adoptar posturas basadas en principios al reducir su vulnerabilidad a las represalias.

Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Tenemos vastas reservas de minerales críticos. Contamos con la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones se encuentran entre los inversores más grandes y sofisticados del mundo. Tenemos capital, talento y un gobierno con una inmensa capacidad fiscal para actuar con decisión.

Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.

Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestra arena pública es ruidosa, diversa y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad.

Somos un socio estable y fiable —en un mundo que es todo lo contrario—, un socio que construye y valora las relaciones a largo plazo.

Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está sucediendo y la determinación de actuar en consecuencia.

Entendemos que esta ruptura exige algo más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal y como es.

Estamos quitando el cartel de la ventana.

El antiguo orden no va a volver. No debemos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia.

Pero, a partir de esa fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo.

Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.

Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de fortalecer nuestra posición interna y de actuar juntos.

Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos con franqueza y confianza.

Y es un camino abierto a cualquier país que desee recorrerlo con nosotros".

17 de enero de 2026

Diplomacia y acuerdo frente a la barbarie

 

El acuerdo comercial suscrito por Canadá y China (16.1.26) tiene un significado relevante. Puede interpretarse, en mi opinión, como indicio de un sensible viraje en el sistema de alianzas que tal vez tienden a tejerse en el mundo como reacción a las amenazas, extorsiones y chantajismo de toda laya que Donald Trump trata de imponer, demostrando así que precisamente el mundo es, por fortuna, mucho más que Estados Unidos. El pacto supone un giro histórico en las relaciones entre Canadá y el mayor rival de Estados Unidos.
Canadá, país cuyo territorio también es ambicionado por la política agresiva e imperialista de Trump, ha puesto pie en pared al acometer la estrategia que más daño puede ocasionar a su impúdico vecino del Sur. El hecho de abrirse al establecimiento de alianzas con quien Estados Unidos considera su principal competidor y el factor determinante de su rivalidad a nivel mundial, y particularmente en América Latina y el espacio Ártico, el Gobierno canadiense marca una pauta orientativa susceptible de ser tenida en cuenta asimismo por la Unión Europea, como una opción capaz de neutralizar la hegemonía estadounidense y sus pretensiones de desestabilización de las reglas - económicas, políticas y jurídicas - del mundo. Y no me refiero exclusivamente a la relación con China, que habría que plantear con cautela, sino también con el grupo de países - Brasil, India, Sudáfrica - que ostentan ya una fortaleza específica en la economía global.
Y es que el contrapeso que ese rumbo puede ocasionar a la economía y el comercio de Estados Unidos en el mundo, sin descartar la posibilidad de que pueda afectar a la primacía del dólar como unidad de cuenta en las transacciones comerciales, tal vez sea el instrumento aleccionador que pueda ejercer la función de advertencia correctora a la barbarie desplegada por el cómplice del genocidio israelí e impostado "Premio Nobel de la Paz".

En cualquier caso, un interesante tema para el debate.

16 de enero de 2026

Humillación a cambio de nada

 

Tal vez habría que profundizar en los arcanos de la psicología humana para entender el grado de humillación, ausencia de pudor e ínfima autoestima a que puede descender y prestarse una persona para perder por completo la dignidad que en algún momento pudo tener o merecer.

La Sra. Corina Machado, tras entrar en la White House por la puerta de servicio, sabe que ese gesto, insólito y revelador de su nulo sentido de la vergüenza política ante el mundo, solo sirve para desacreditarse ella misma y el premio recibido, que, como todos, es personal e intransferible, y para elevar más aún el nivel de desprecio del individuo que la ha humillado por segunda vez hasta extremos que jamás pensamos que pudieran alcanzarse. Ha dilapidado con esa actitud, y para siempre, la oportunidad de ser una referencia democrática alternativa al "chavismo trumpista".

15 de enero de 2026

Interesante debate sobre Venezuela

Una vez más la Asociación Cultural Tertulia en Barbecho, con sede en Valladolid (España), ha organizado un debate sobre uno de los temas de mayor actualidad. Fue una sesión muy interesante y contó con una significativa asistencia a nivel internacional.  

A través de este enlace es posible conocer los contenidos, el desarrollo de la sesión y el debate suscitado. Merece la pena. 


 https://1drv.ms/v/c/418f9defbcac0205/IQCvxqfck6qvRbI5J8t7ynhEAYCxNKlY2LoNsrfi3wHaSco?e=nIdecZ


8 de enero de 2026

LA UNION EUROPEA SE JUEGA EN GROENLANDIA SU PRESTIGIO INTERNACIONAL. SE JUEGA EL SER O NO SER

Por más que la tibieza haya marcado la tónica de muchas de las declaraciones efectuadas por los órganos directivos de la Unión Europea ante algunos de los problemas más graves de nuestro tiempo, las amenazas que se ciernen sobre Groenlandia constituyen en estos momentos la piedra de toque de su solidez y fortaleza en el escenario internacional. A tenor de la declaración suscrita por los responsables máximos de siete Estados de la Unión, y sobre la base de la contundencia con que esa declaración conjunta se plantea, cabe pensar que esa toma de conciencia emerge como la manifestación de una postura de firmeza ante la pretensión del presidente de estados Unidos de apropiarse de un territorio que forma parte indisociable de la Unión Europea.






Dando vueltas al tema, me inclino a pensar que, aplaudiendo ese testimonio de un sector (de momento) de los gobernantes europeos - entre ellos, el español, que fue el primero y sin equívocos, en denunciar el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores como una "violación (sic) del Derecho Internacional - no lo tiene fácil el ridículo personaje de Mar-a-Lago para llevar a cabo sus propósitos, formulados precisamente en el momento en que su popularidad (40%) en Estados Unidos es más baja. Aun esgrimiendo su condición de forajido sin escrúpulos, hay tres factores que no convendría olvidar (me limitaré a mencionarlos, a la espera de proceder a una argumentación más y mejor desarrollada):
- en primer lugar, no hay un motivo o pretexto sólido sobre el que sustentar ese proyecto de ocupación, control o dominio. Las excusas que en acciones similares (armas de destrucción masiva, narcotráfico, ataque preventivo al que recurrió Rusia para justificar la invasión de Ucrania...) se han esgrimido, como argumentos provocativos de una repuesta "justificada", no sirven para este caso.
- en segundo lugar, no hay que desestimar la posiblemente grave situación de conflicto que se generaría con otras grandes potencias (Rusia, China, UE) cuyos intereses también aparecen ligados a la disponibilidad de accesos y circulación libres en las rutas en las que Groenlandia ocupa una posición privilegiada a medida que la región ártica se configura como un entorno de movilidad esencial en el comercio internacional, libre de los condicionamientos que seguramente impondría el gobierno estadounidense.
- finalmente, no acierto a ver de qué manera ese chico de Mar-a-Lago y sus secuaces, que entre otras lindezas, justifican el asesinato de emigrantes en la calle (Minneapolis, 7.1.25), podrían llevar a cabo esa ocupación. Totalmente descartable es una acción militar, generadora de provocación a la violencia. Y es que hay un aspecto singular en la política de (posible) intervención del ejercito de Estados Unidos: Trump no quiere soldados yankees en ataúdes de madera o de metal. Ninguna de las intervenciones que ha llevado a cabo ha implicado la pérdida de vida de sus soldados. Se limita, como ha ocurrido, durante su mandato, en Irán o Venezuela o en las lanchas del Caribe, a actuar con rapidez, de manera expeditiva, matando a diestro y siniestro, para volver a casa de inmediato. Ni una baja. Los recuerdos de Vietnam, Irak, Afganistán o Libia son en estos momentos inasumibles como posibilidad.
De ahí que, más allá de la intimidación, de la bravuconada, del exabrupto o de la arrogancia repulsiva, quien esto escribe no atisba a ver por dónde puede ir la ocupación que pretende, máxime cuando además vulnera de manera flagrante los principios de funcionamiento de la OTAN, a la que Dinamarca pertenece.
Es el momento de la reacción europea, susceptible de adoptar medidas y alianzas efectivas que neutralicen la agresividad y el matonismo trumpista. Pese al escepticismo o las decepciones acumulados en el tiempo, no hay otra posibilidad de parar los pies a ese siniestro individuo, alérgico a la lectura y al respeto a los derechos humanos.

6 de enero de 2026

¿Qué se puede esperar de un político que no lee nunca ?

 

Giuliano da Empoli es un prestigioso intelectual nacido en Francia y actualmente profesor en la Universidad Sciences Po, de Paris. En octubre de 2025 dio a conocer una obra de referencia, así lo creo, para entender e interpretar el panorama político contemporáneo: "La hora de los depredadores. El caos ya no es el arma de los insurgentes, es el sello del poder", editada en España por Seix Barral. Merece la pena.
Centrado en su lectura, he llegado a la página 50 y me he topado con un texto que deseo dar a conocer, porque, elocuente como es, no tiene desperdicio. Alude a Donald Trump, presidente actual de Estados Unidos, como saben y responsable, entre muchos otros desvaríos, del asesinato de navegantes en lancha en el Caribe y el Pacífico, sin detenciones ni comprobaciones previas de su acción, y por lo que, de momento ha quedado impune.
Da Empoli escribe textualmente:

"Donald Trump es una forma de vida extraordinariamente adaptada a los tiempos actuales. Uno de sus rasgos, del que sus consejeros se quejan constantemente en voz baja, es que NO LEE NUNCA. Ni libros, ni periódicos. Al internauta más ingenuo jamás se le ocurriría imaginar a un Trump sentado en un asiento de su jet o en un sillón de Mar-a-Lago con un libro en la mano, en vez de con una pantalla o con una hamburguesa, entre las deep fakes más descabelladas que se puedan concebir. Lo que realmente preocupa a sus consejeros es que Trump ni siquiera lee las notas de una página, o de media página, que le pasan para preparar con antelación una entrevista. Nunca mira esas notas. Ya sea una página o media, o apenas una línea. El solo funciona verbalmente, lo cual representa un considerable desafío para cualquiera que desee transmitirle el más mínimo conocimiento estructurado. Lo que cuenta es sobre todo la acción, de la que el conocimiento es uno de sus peores enemigos. Un contexto caótico exige decisiones audaces que capten la atención del público, dejando estupefactos a sus adversarios"

Todo ello es el resultado del método, mediocre, intelectualmente utilizado por Trump, caracterizado por el mero procesamiento de la información de forma oral. Los expertos señalan, sobre una sólida base empírica, que cuando se procesa la información oralmente, lo habitual es que se procese poca información, lo que explica que la cantidad de información transmitida sea aún inferior. De ahí la constatación, que los observadores advierten, de que cada vez que Trump comenta sobre un tema, revela lo poco o nada que sabe al respecto.

 


4 de enero de 2026

Delcy mejor que Corina, según Trump


Noticias llegan de Venezuela y Colombia que llaman la atención e invitan al debate. Aludo a ellas porque me las han comentado colegas de allá cuya relación aún conservo. Tal vez sean especulaciones pero, dada la perspicacia de mis interlocutores, no carecen de interés. Por esa razón las traigo aquí.



Se parte de la idea de que esa transición de que habla Trump, asesino impune de lanchas en el Caribe, puede ser más incierta y complicada de lo que parece, teniendo en cuenta la complejidad estructural de un país como Venezuela y la constatación de que todas las intervenciones bélicas de Estados Unidos y la pretensión de organizar los países intervenidos han sido siempre un absoluto fracaso. Ocurrió en Afganistán, en Irak, en Libia, en Somalia. Un desastre.
Puesto que no es posible reestructurar un sistema entrando como elefante en una cacharrería ni tampoco las empresas norteamericanas actuarían sin una adecuada cobertura institucional, hay quienes aventuran la idea de que el plan de Trump no excluye la posibilidad de integrar en su plan de actuación algún tipo de negociación o compromiso con las fuerzas venezolanas, tanto civiles como militares, una vez descabezadas de la presencia de Maduro y poniendo fin a su dimensión simbólica.
Si aún no hay indicios sólidos en este sentido, se alude en Bogotá al hecho de que ha habido un encuentro entre Delcy Rodríguez, vicepresidenta de la República Bolivariana, y Marco Rubio, secretario de Estado de los USA. Nada se sabe de lo comentado, pero la cita parece asegurada, aunque se apunta, como uno de los argumentos centrales, la necesidad de evitar un levantamiento militar contando para ello con la connivencia o no beligerancia de un sector del poderoso ejército chavista y de sus fuerzas parapoliciales, que quedarían neutralizadas. Este aspecto no es ajeno a la hipótesis de que el secuestro de Maduro ha contado con algún tipo de cooperación interna y a la estimación de que la intervención norteamericana no provocará movilizaciones masivas, conflictivas o duraderas a favor del presidente ilegalmente secuestrado.
Venezuela está en la ruina, la situación de la ciudadanía es muy crítica y eso pesa en un sector importante de la sociedad que trata de sobrevivir más allá de las ideologías. En este contexto cabría entender el ostensible y sorprendente desdén mostrado por Trump hacía Corina Machado, desplazada del teatro de operaciones, mientras algún tipo de señuelo se tiende hacia Delcy Rodríguez, pensando quizá en su colaboración para facilitar, ya sin Diosdado Cabello por medio, una transición resignada y menos traumática para los venezolanos, a fuer de más efectiva para Trump y su banda. En resumen, Delcy frente a Corina. Quién lo iba a decir. ¿Por ahí va la cosa?
Es una hipótesis considerada en aquellas latitudes, y que me limito, con la máxima cautela, a comentar.

3 de enero de 2026

Ocurrió en la víspera del secuestro ilegal

 

Es un hecho que no debe pasar desapercibido. Ojo al dato. El viernes 2 de enero de 2026, el entonces presidente venezolano firmó un importante acuerdo con China, que prácticamente integraba al país caribeño en la órbita de influencia y seguridad de la nación asiática. Ningún otro país de América Latina había desplegado una estrategia de relación plena con China de tanta trascendencia y con horizonte temporal tan dilatado. En ese encuentro los firmantes insistieron en la envergadura de una relación “a todo tiempo y a toda prueba”, consolidada con la elevación del vínculo - asentado sobre 600 compromisos previos - a asociación estratégica de carácter all weather, consolidada con la visita de Maduro a Pekín en septiembre de 2023 y reafirmada en sucesivos encuentros de alto nivel.
China figuraba en ese momento como el principal comprador de petróleo venezolano, desplazando a Estados Unidos, pues recibe, según Reuters, cerca del 80 por ciento de la producción de Petróleos de Venezuela. Por otro lado, empresas chinas han asumido compromisos de inversión por valor de miles de millones de dólares para revitalizar campos petroleros y mejorar infraestructura crítica en proyectos que apuntan a elevar la producción y modernizar la cadena de valor.
Además del petróleo, la agenda bilateral ha dado pasos importantes en minería, electricidad, telecomunicaciones, transporte e industria manufacturera. El comercio ha aumentado con tasas superiores al 10 por 100 anual en los últimos cinco años, con un crecimiento notable de las compras venezolanas en materia de tecnología y productos industriales chinos, mientras Caracas consolida a China como uno de sus principales destinos asiáticos de crudo y otras exportaciones.

EN LA MADRUGADA DEL DIA SIGUIENTE NICOLÁS MADURO FUE SECUESTRADO ILEGALMENTE POR ORDEN DE DONALD TRUMP

2 de enero de 2026

Una reflexión sobre la situación política de Venezuela y la estrategia de Donald Trump

 

Era sin duda Nicolás Maduro Moros el eslabón más débil, el dirigente más desacreditado y marginal de la política latinoamericana. Al tiempo, ese hombre gobernaba el país con las reservas de petróleo y gas más abundantes de la Tierra. Era una presa fácil: la concesión del Premio Nobel de la Paz a su principal opositora, y artífice de una victoria electoral no reconocida por el poder chavista (y a la que ahora Estados Unidos desprecia, aunque encandile a la derecha española), era un factor que contribuía a la demolición del sucesor de Hugo Chávez en un contexto en el que la violación del Derecho Internacional, cuya expresión más atroz está asociada al genocidio palestino y a la impunidad de sus criminales responsables, daba vía libre a toda suerte de maquinaciones, pretextos y artimañas para poner fin a la presidencia de Maduro a sabiendas de que poco más que unas declaraciones de condena genéricas a la intervención - pero nunca, como se ha visto, de apoyo al gobernante caído - favorecían que la estrategia llevada a cabo no tuviera coste alguno para quien la cometía, aunque sí iba a deparar pingües beneficios en todos los sentidos que imaginarse pueda.
Se veía venir, era un hecho cantado hace tiempo, asesinando sin pruebas a quienes navegaban en pequeñas lanchas en el océano, y siguiendo el guión ya conocido de la intervención en Irak, obscenamente justificada por la "existencia" de armas de destrucción masiva, que nunca existieron, y ahora recuperada la argucia con el pretexto del narcotráfico como argumento que se ha revelado ya como un mero pretexto sin fundamento. Tampoco es la recuperación de la libertad la causa perseguida, pues interesa bien poco al Estado que ha llevado a cabo más de un centenar de intervenciones en la América Latina precisamente destinadas a destruir los atisbos de democracia emergentes. Nunca ha interesado en la Casa Blanca la pobreza o la situación de los derechos humanos en Latinoamérica. Nunca.
Que nadie se engañe. El motivo no es otro que el de dar cumplimiento, rápido y taxativo, al documento estratégico oficial (Estrategia de Seguridad Nacional (NSS-2025), presentado por Donald Trump en 2025, cuyo objetivo no es otro que el de "restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger [nuestro] territorio nacional y el acceso a áreas geográficas clave en toda la región".
Y es que para la Casa Blanca, la amenaza china ha reemplazado a la europea, y los estados "comunistas" o "narcoterroristas" latinoamericanos son considerados responsables de "casos flagrantes de irregularidades o impotencia". "Impediremos -subraya de manera inequívoca- que competidores no hemisféricos posicionen fuerzas amenazantes u otras capacidades, o que posean o controlen activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio". Aunque nunca se menciona por su nombre, China es el objetivo en todo momento. Su control comercial, financiero y tecnológico sobre América Latina se describe en detalle y se denuncia implícitamente.
Para contrarrestar a Pekín, el presidente estadounidense aboga por una nueva "diplomacia comercial" hacia los países del subcontinente. Los insta a actuar conforme a las directrices de Washington, tanto a nivel nacional como en su política exterior. Dado que América Latina "posee numerosos recursos estratégicos" esenciales para Estados Unidos (hidrocarburos, materias primas, productos agrícolas, infraestructura y localizaciones geográficas de uso militar), sus Estados pueden contribuir a "fortalecer las cadenas de suministro críticas en este hemisferio, lo que reducirá las dependencias y aumentará la resiliencia económica estadounidense". El documento invita a los gobiernos a convertir a Estados Unidos en "su socio predilecto". Quienes cumplan serán recompensados. Quienes se resistan serán disuadidos (por diversos medios) de colaborar con otros.
Más claro, imposible. La eliminación de Maduro, por quien nadie daba un duro, y de ahí la facilidad de su eliminación, tiene un efecto ejemplarizante y aleccionador. Significa, en un panorama de violación del Derecho Internacional y de utilización sin reservas del uso de la fuerza, el resurgimiento de la Doctrina Monroe en América Latina, acompañada de un corolario de Trump. Los objetivos de Estados Unidos son restaurar su dominio continental, contrarrestar la influencia china y poner la región al servicio de las prioridades estrictamente estadounidenses.

¿Qué papel corresponde desempeñar a la Unión Europea en este contexto?

1 de enero de 2026

Aires de esperanza en el Ayuntamiento de New York

 

No cabe duda que se trata de un hecho histórico que conviene resaltar pues, por la dimensión de la ciudad donde ha tenido lugar, el acontecimiento desborda los límites estrictos de la gran metrópoli del mundo bañada por el rio Hudson.
El primer día del año de 2026, y ante miles de simpatizantes desplegados frente a pantallas gigantes en Broadway, Zohran Mamdani, de 34 años, prestó juramento como nuevo alcalde de la ciudad de New York. Quien diseñó y encabezó una de las campañas políticas más singulares y destacadas de la era moderna, se enfrenta ahora a su mayor reto, un desafío descomunal: cumplir las numerosas promesas que lo llevaron al poder. “Hoy – dijo- es el primer día de una nueva era”, declaró, iniciando un discurso repleto de referencias populares a la cosmopolita Nueva York. Lo hizo ante las banderas de los cinco distritos (Manhattan, Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island), símbolo de la diversidad de esta ciudad global, quintaesencia de la complejidad del mundo.
“Les prometo- insistió - si son neoyorquinos, soy su alcalde. Estemos de acuerdo o no, los protegeré, compartiré sus alegrías, los apoyaré en sus momentos de dolor y jamás, ni por un instante, eludiré mis responsabilidades”. Zohran Mamdani ha basado u éxito en el compromiso de miles de voluntarios y en el lema de la "affordability", es decir, la "asequibilidad", cuyo propósito no es otro que hacer que la ciudad más rica del mundo volviera a ser asequible para todos los residentes, incluidos los menos afortunados. Es un concepto socio-económica, cultural y geográficamente muy interesante, del que trataré en este foro.
Quien haya seguido la ceremonia habrá podido comprobar que cada detalle había sido meticulosamente planeado, desde los discursos de los líderes religiosos hasta la recitación de un texto compuesto para la ocasión por el poeta Cornelius Eady, pasando por el himno nacional estadounidense y el "Bread and Roses" (Pan y Rosas), el histórico himno del movimiento obrero

Asimismo, la elección de los oradores principales —Alexandria Ocasio-Cortez, representante progresista de Nueva York en el Congreso, pronunció la introducción, y el senador Bernie Sanders ofició la ceremonia de toma de posesión— encerró un poderoso e inequívoco mensaje político. En el panorama político neoyorquino, compuesto de compromisos entre el progresismo social, el liberalismo económico, el comunitarismo local y redes poderosas de todo tipo, Zohran Mamdani pretende encarnar una línea decididamente izquierdista, solidaria, respetuosa de los derechos humanos, anti-élite y pro-migrante. Es decir, en los antípodas del salvaje Donald Trump. De ahí la trascendencia de esa toma de posesión.

30 de diciembre de 2025

Una reflexión sobre la lectura de la prensa en papel

 

Casualidades de la vida. Precisamente al lado mismo del viejo comercio de "confección de caballero" en el que trabajó mi padre, y al que a menudo acompañaba, en la calle Sombrerería en Burgos, hay una esbelta escultura en bronce que en cierto sentido representa un homenaje al lector de periódicos en papel. Esa escena, con la que me identifico como asiduo que soy a la lectura cotidiana en ese formato, y durante décadas, de las noticias impresas, me ha inspirado una reflexión que deseo compartir y someter a su consideración.
Opino que la lectura del papel impreso abre un campo de imaginación más profundo que su simple función como superficie de escritura. El periódico impreso simboliza el redescubrimiento de la curiosidad, el dominio de nuestra concentración, la disposición a avanzar lentamente y la resistencia a las violaciones de la privacidad que implica el uso de dispositivos conectados en un sistema impulsado y controlado por el mercado que trasciende a nuestra libertad e incluso la regula.

En cambio, en la era de la información algorítmica, el papel no controla a su lector, no captura su tiempo, no secuestra sus emociones, le confiere autonomía y libertad. No forja un camino estadístico contra la corriente de nuestra voluntad; al contrario, exige esfuerzo; manipular su diseño a veces incluso requiere un poco de contorsión. Cuando leerlo inspira una idea, lo dejamos, hacemos una pausa, reflexionamos, levantamos la mirada para pensar y, si acaso, interpretar con calma lo que acabamos de leer o afianzar las ideas volviendo sobre lo ya leido. Es el medio para recuperar la soberanía sobre los objetos de nuestra atención y, en consecuencia, sobre nuestras propias acciones. Por lo tanto, elogiar el papel no refleja una reacción conservadora, sino un movimiento racional y una necesidad intelectual.

21 de diciembre de 2025

Que nadie olvide a Palestina en Navidad

 

Si las conmemoraciones que iluminan las calles y estimulan, a la par que el consumo, los más nobles sentimientos de amistad y solidaridad ocurrieron en la llamada Tierra Santa, no parece justo olvidar la tragedia que asuela ese territorio, que de pronto ha quedado sumida en la desatención o la indiferencia.
Palestina ya no figura con el interés hasta ahora merecido en el escenario mediático. Un deliberado manto de silencio se cierne sobre una realidad que ha conmocionado al mundo en los últimos tiempos hasta convertirse, pese a su gravedad y trascendencia, en una cuestión marginal. El que en su momento fue presentado como un acuerdo de alto el fuego, suscrito por Trump y Netanyahu, mancornados para siempre en el genocidio cometido y que no cesa, se ofreció al mundo con la idea de que los crímenes y la devastación habían terminado.
Pero lo cierto es que nada más lejos de la realidad, ya que la masacre continúa, las condiciones de vida de la población ofenden los principios más elementales de la dignidad humana, la política de expolio de Cisjordania se ha incrementado sensiblemente, la ayuda humanitaria se mantiene en niveles de restricción permanentes, mientras el silencio se impone como soporte de la impunidad. Y es que, como ha señalado Teresa Aranguren, "el acuerdo de paz ha servido para suavizar la crítica e intentar acallar la protesta, que cada vez se ha hecho más notable en las ciudades europeas y en el mundo occidental, ante la actitud cómplice de muchos de sus gobiernos”.

No parece honesto en estas fechas tan rutilantes festivas y adobadas de buenos sentimientos olvidar lo que ha sucedido y sucede en Palestina. Por esa razón me permito recordarlo.

17 de diciembre de 2025

España: Identidades y territorio

 El mapa ofrece una buena perspectiva de la complejidad de España, reflejada en su diversidad lingüística y en los contrastes regionales de sus posiciones reivindicativas. 

Ha sido elaborado por Fanny Privat y publicado en la excelente monografia que sobre España ha dado a la luz Le Monde Diplomatique.    El motivo de la publicación está claramente definido en el encabezamiento de la edición:

" Desde la noche franquista hasta las vibrantes calles de las manifestaciones feministas, España ha cambiado su rostro. Cincuenta años después de la muerte del dictador, esta monografía relata las metamorfosis de un país forjado por la memoria, la ira y la esperanza".

14 de diciembre de 2025

La Universidad bajo asedio

Con este título, la politóloga española Mariám Martinez Bascuñán publica en el día de hoy uno de los artículos más brillantes y rigurosos sobre la crítica situación en que se encuentran las Universidades públicas españolas, tomando como referencia lo que está sucediendo en la Comunidad Autónoma de Madrid. Como la lectura completa del texto sólo es accesible a los suscriptores del diario El País, donde ha sido editado, me permito incluirlo en su integridad a fin de que su contenido sea conocido y valorado en el escenario más amplio posible 


Universidad Complutense de Madrid 


 " En Estados Unidos lo dicen en voz alta. Christopher Rufo, uno de los arquitectos de la ofensiva de Trump contra las universidades, ha explicado la estrategia sin pudor: utilizar la presión financiera para sumergirlas en un “terror existencial” hasta que la única opción viable sea rendirse. En la Comunidad de Madrid nadie confiesa nada, pero los números son elocuentes: la región más rica de España tiene la universidad pública peor financiada. Lo que allí se proclama, aquí se ejecuta en silencio. Ningún consejero ha explicado qué modelo educativo quiere la Comunidad, qué papel reserva a la investigación, cómo pretende que la universidad contribuya a la prosperidad de la región. No se habla de diagnósticos ni de estrategias porque obligaría a reconocer que el objetivo no es mejorar la universidad pública, sino reducirla hasta hacerla irreconocible.

Meghan O’Rourke, profesora de Yale, lo ha descrito con precisión: “No estamos presenciando simplemente un ataque a la academia ni una serie de reformas fiscales. Es un asalto frontal a las condiciones que hacen posible el pensamiento libre”. Quien crea que lo de Madrid es solo mala gestión o cicatería presupuestaria no ha entendido nada. Porque Madrid no es una anomalía local: es la versión silenciosa de una ofensiva que recorre las democracias occidentales, donde el ataque a las universidades acompaña un proyecto más amplio de debilitamiento institucional. El blanco no es solo la educación superior, sino todas las estructuras que permiten que una democracia funcione sin depender del capricho de un líder: instituciones que generan confianza pública, que establecen límites, que aportan credibilidad colectiva. La sanidad pública, los medios de comunicación, la ciencia, la educación. Todas están en el punto de mira. No porque fallen -que a veces fallan-, sino porque funcionan: ofrecen una verdad alternativa a la del poder político y, por tanto, lo incomodan.  

La técnica tiene un nombre: inversión. Cuando Isabel Díaz Ayuso acusa a la universidad pública de estar “colonizada por la izquierda”, cuando la retrata como un “nido de escraches y vandalismo”, no describe nada: desordena el lenguaje hasta que diga lo contrario de lo que nombra. Quien produce conocimiento pasa a ser sospechoso de “adoctrinar”. Quien defiende la autonomía universitaria se vuelve “elitista”. Quien investiga con rigor es acusado de tener una “agenda” oculta. Es la gramática de la posverdad: invertir las categorías de víctima y agresor hasta que quien asfixia parezca liberar, y quien resiste aparezca como amenaza. Y hay algo más: el silencio. El silencio sobre qué universidad se quiere, qué investigación se imagina, qué ciudadanos se aspira a formar. Es un silencio deliberado porque proponer algo obligaría a un debate, a exponer las cartas. Aquí solo hay el desgaste paciente de lo que existe, como quien deja una casa sin mantenimiento hasta que un día se declara inhabitable. No es un proyecto educativo: es una demolición presentada como higiene democrática.

Pero sería ingenuo pensar que no hay nada detrás del silencio. Lo hay. Se trata de un ecosistema paralelo de legitimación que crece mientras la universidad pública agoniza. Pseudouniversidades autorizadas con informes negativos del Ministerio, políticos sin carrera académica colocados como vicerrectores, títulos sin validez oficial que sirven para inflar currículos y crear apariencia de solvencia. El caso de la Universidad Francisco Marroquín no es una anomalía: es el modelo. Lo vimos hace poco con Noelia Núñez, la diputada del PP que cayó cuando se descubrió que sus títulos eran falsos. Núñez aparecía como “profesora” en la web de la Universidad Francisco Marroquín, una institución guatemalteca considerada el “templo del neoliberalismo en Latinoamérica” que abrió campus en Madrid en 2017. Fue autorizada por la Comunidad aunque el Consejo de Universidades había advertido de que no cumplía los requisitos mínimos. No importó: se aprobó cuando Javier Fernández-Lasquetty, un político sin carrera académica, ocupaba el cargo de vicerrector. Por sus aulas han pasado Esperanza Aguirre y Lucía Figar. Sus títulos no tienen validez oficial en España ni en la UE, pero sirven para lo que sirven: decorar currículos, vestir de solvencia a quien paga.

Quienes denuncian la supuesta ideologización de la universidad pública han construido, mientras tanto, su propio circuito de legitimación ideológica. No es que falte un proyecto alternativo: es que no se formula porque, al formularlo, quedaría claro en qué consiste. Su lógica es sencilla: sustituir instituciones que producen conocimiento validado por otras que producen credenciales útiles al poder. La universidad pública resulta incómoda porque su verdad no tiene dueño: no responde al Gobierno, ni al mercado, ni al líder del momento; responde a métodos propios de evaluación y contraste. Esa autonomía la hace difícil de domesticar. Las pseudouniversidades, en cambio, son maleables: certifican a quien las financia, proporcionan solvencia a quien la necesita, fabrican una apariencia de mérito sin pasar por los filtros de la ciencia o las humanidades. Producen, en suma, la verdad que conviene.

La sanidad pública, la justicia, el periodismo, los organismos estadísticos, los servicios públicos de radiodifusión tienen algo en común: su autoridad no viene del poder, por eso la verdad que producen no pertenece a nadie, porque en el momento en que perteneciese al Gobierno, al mercado o al partido, dejaría de ser verdad y se convertiría en propaganda, en publicidad, en doctrina. Un médico no cura porque lleve bata, cura porque aplica un método. Un científico no descubre nada porque lo diga él, sino porque otros pueden verificarlo. Esa es la diferencia con el líder carismático que pide fe ciega: estas instituciones no dicen “créeme”, dicen “compruébalo”. Y por eso son incómodas para el poder. No puedes comprarlas sin destruirlas: un juez que dicta sentencias a medida deja de ser juez, un periódico que publica lo que conviene deja de hacer periodismo, una universidad que certifica a quien paga deja de ser universidad. Todas estas instituciones están bajo asedio, en distintos grados y en distintos lugares. Pero cuando se desmoronan, lo que se deshace es el lugar donde las palabras aún significan lo mismo para todos. Se trata de la gramática de la convivencia, esa que nos permite discrepar sin rompernos.

El sociólogo Harry Collins lo formuló con una imagen que merece recordarse: el proceso para creer algo no fluye de las estrellas hacia nosotros, sino de nosotros hacia las estrellas. El conocimiento no brota de observaciones neutrales; se forja en el acuerdo previo sobre qué fuentes merecen confianza. Por eso mostrar una foto del espacio a un terraplanista no sirve de nada: lo que él cuestiona no es la imagen, es la autoridad que la respalda. Y esa es exactamente la autoridad que hoy se está demoliendo.

¿Por qué debería importarle esto a alguien que desconfía de la academia o que cree que las universidades están ideologizadas? Meghan O’Rourke lo resume con claridad: el trabajo serio y reflexivo de la universidad protege bienes que ningún gobierno ni empresa pueden garantizar por sí solos. La libertad académica no es un privilegio corporativo: es un espacio donde las ideas pueden desarrollarse sin rendir cuentas al mercado ni al poder político. Y las humanidades -nacidas tras el horror de dos guerras mundiales- existen para recordar algo incómodo: que una sociedad puede ser tecnológicamente avanzada y moralmente bárbara al mismo tiempo. O’Rourke lo resume en una frase que conviene no pasar por alto: “En una era marcada por tecnologías transformadoras, crisis climáticas y una inestabilidad global sin precedentes, necesitamos exigir más de las universidades, no menos”. Más rigor, más apertura, más capacidad de incomodar. Lo contrario es abrir las esclusas y mirar hacia otro lado mientras sube el agua, dejar que el espacio de la crítica se vaya estrechando hasta que solo quede la voz de quien manda".

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