26 de mayo de 2012

Mensajes en la calle (35): Cuando las campanas acompañan al desastre



Cuando las campanas tocan a rebato es que algo grave, muy grave, está ocurriendo en la localidad. Cuántas veces los incendios pavorosos convocaban a las gentes en las noches de verano para entre todos tratar de sofocarlo mientras el sonido de las campanas acompañaba la angustia de la vecindad. Curiosidades de la vida, esta tarde he oído el tañido de estas piezas espectaculares sonar estridentes con el logotipo de Bankia presidiendo la escena. De pronto, casi de manera instintiva, he sentido la congoja y la rabia que embargaba a cuantos asociaban el ruido de los badajos a la tragedia que acababa de desencadenarse, y cuyas consecuencias se antojan pavorosas . 

Y no era para menos, pues catastrófica está siendo para el país la mayor estafa financiera de la historia contemporánea de España. Un pozo sin fondo, un terremoto desestabilizador de consecuencias incalculables, un incendio bestial que abrasa cuanto se encuentra a su paso. La percepción brutalmente sonora del entorno me llevó a pensar que la escena tenía un carácter simbólico, que excedía con creces la comprobación de lo mucho y bien que suenan las campanas de la catedral de Ciudad Rodrigo en la Bienal de Arte y Patrimonio (AR&PA), celebrada este fin de semana en Valladolid y que patrocina, entre otros, la ruinosa entidad de marras. Había que entenderlo más como un estruendo que afecta, irradia y aturde sobre el conjunto del país. "Por quién doblan las campanas" se preguntaba Hemingway en su famosa novela. Ahora sabemos por quién doblan hoy: por el descalabro de una firma financiera que, gestionada por gente inepta, mentirosa e incomprensiblemente irresponsable, está dejando en la ruina a la sociedad española.

24 de mayo de 2012

La pobreza infantil en España: otro impacto brutal de la crisis


La percepción visual que se tiene del problema en Europa no alcanza los niveles de dramatismo con que aparece en los países de bajo nivel de desarrollo, donde el fenómeno de los “niños de la calle” ,  de los "meninos da rúa", marca una impronta en el paisaje urbano que, una vez vista, jamás se podrá olvidar. Sin embargo, y aunque no resulte tan traumática en sus manifestaciones públicas, no es hecho que deba ser ignorado, entre otras razones porque nos resulta próximo, nos acompaña en el día a día, aflora, a poco que nos detengamos en ello, cuando uno menos se lo espera. Y, si no se ve, si no se siente como tal, es porque con frecuencia permanece oculto, sumido en las interioridades de la privacidad familiar, voluntariamente recatado ante la sensación de pudor y vergüenza que proporciona el hecho de que se conozca. En estas condiciones – de percepción limitada por la discreción y la introversión con que se aborda -  evoluciona y crece el problema de la pobreza en el mundo del desarrollo, donde, como he señalado en una entrada anterior, no cesa de agravarse en un contexto de acentuación creciente de las desigualdades.




 Dentro de este panorama cobra acuciante gravedad la constatación de los umbrales de pobreza en que se encuentra la población más vulnerable, la más dependiente. Si tradicionalmente se trataba de un  problema asociado a la etapa más avanzada de la vida, en nuestros días – y coexistiendo con éste- adquiere mayor importancia cuantitativa el sector de la infancia, brutalmente lacerada por el estigma de la mala calidad de vida que deriva de la precariedad o ausencia de recursos a que se enfrenta el entorno en el que viven. Poco se ha hablado de ello, apenas referencias aisladas han aparecido de cuando en cuando, o en todo caso la valoración de su magnitud se ha visto minimizada por el alcance, sin duda limitado, de la experiencia y la perspectiva que posee cada cual. Por eso, cuando se analiza con rigor no ha lugar a la simplificación ni está justificado mirar para otro lado. Se dispone ya de conocimiento suficiente desde que en 2004 se puso en marcha la Encuesta de Condiciones de Vida (INE) que refleja la situación en que se encuentra la sociedad española en algo tan fundamental como es su situación respecto a los valores que identifican su nivel de bienestar y la satisfacción de sus necesidades.

 En esta fuente se apoya el informe elaborado por UNICEF España, referido a las condiciones en que viven los niños españoles en la actualidad (2012). Las conclusiones obtenidas son alarmantes y oscurecen un panorama que ya era sombrío con anterioridad. Téngase en cuenta que a comienzos de la década actual cerca del 14% de los menores de edad residían en hogares sumidos en una pobreza acusada, entendiendo como tales los casos de familias con dos niños menores de 14 años y con ingresos inferiores a los 10.983 euros. Dos años después los umbrales de pobreza infantil han superado por primera vez el  25 %, cinco puntos más que los alcanzados en 2011, lo que se traduce en la existencia de un amplísimo grupo de 205.000 niños más residentes en hogares donde los ingresos se sitúan por debajo del nivel de la pobreza. .

Si a estos datos se suman los que al tiempo aporta el Informe, revelando magnitudes a menudo ignoradas, se llega a la estremecedora conclusión de que España es en la Unión Europea uno de los países con tasas de pobreza infantil más elevadas, solo por encima de Rumania y Bulgaria. Doloroso récord que obliga a pensar, a profundizar en el conocimiento del problema y a plantear medidas de actuación decididas a acometerlo – todavía está pendiente la elaboración de ese Plan Nacional contra la Pobreza Infantil, recomendado en 2010 por el Comité de los Derechos del Niño – aun a sabiendas de que su raiz se encuentra en los demoledores efectos sociales y económicos que la crisis financiera (porque, en esencia, se trata de una brutal crisis bancaria, producto de la catástrofe de un modelo de crecimiento y de una forma de gestión aberrante y que todo lo engulle) está ocasionando en España con impactos gravísimos sobre los sectores más débiles de la sociedad. Prueba de ello es la comprobación de que el número de hogares con niños y con todos sus miembros adultos desempleados ha aumentado entre 2007 y 2010 en un 120 %, dos veces por encima del total de hogares. Y, por lo que se ve, el trágico proceso sigue in crescendo, en medio de una relativa indiferencia, que hay que evitar porque no nos es ajeno.

15 de mayo de 2012

La Educación: una prioridad al comenzar el mandato


Lycée Champollion en Grenoble 


" L'école doit être assurée de ses ressources, on ne peut pas enseigner correctement sans un encadrement suffisant pour nos enfants"(...)  "C'est la raison de mon engagement, et je le réitère aujourd'hui comme président de la République, de recruter 60.000 personnels de l'éducation sur la durée de mon mandat".  Con estas palabras, el primer mensaje que François Hollande ha dirigido a su país tras tomar posesión como Presidente de la República Francesa ha estado dirigido expresamente a la Educación, con palabras que deben ser grabadas en la fachada, si es que existiera, del edificio que simboliza la Unión Europea. Oír un discurso así nos reconcilia con la política, nos acerca a los valores que representa el mejor poder democrático al servicio de la ciudadanía, nos revela hasta qué punto no todos los políticos ni todas las opciones son iguales.

Acabo de contemplar el acto institucional de investidura en el Palacio del Elíseo. Nada de cruces, nada de biblias, nada de juramentos. La bandera tricolor y el himno de la nación. Solemnidad formal, laicidad, cortesía y sencillez en el fondo. El relevo que las urnas han determinado. Simbología republicana asumida como garantía de la continuidad del Estado más allá del huésped del turno. 

Muchas miradas, desde la izquierda y desde la derecha, se dirigen hoy a la ciudad de Paris, a la espera de que un nuevo rumbo comience a tomar fuerza y vigor en este escenario europeo tan asfixiante como deprimente. Hollande acude a la cancillería de Berlín para subrayar que otros aires inundan, al fin, la atmósfera en Francia. Aires que han comenzado con una hermosa invocación al valor de la educación y la investigación científica, para las que no caben sino reconocimientos. ¿Han oído ustedes algo parecido en los bosques grises de la Moncloa?

12 de mayo de 2012

La indignación frente al miedo como estrategia disuasoria


Siempre he recomendado la obra de Paul Virilio. Se sitúa en el panorama de la mejor tradición intelectual francesa, en la línea de Baudrillard, nada chauvinista, profundamente crítica y en los antípodas de esa pléyade de sicarios del poder que, al estilo de Bernard Henry Lévy o Andrés Gluckmann entre otros, no cesan de cantar las excelencias de los que mandan y que son al tiempo los que les nutren con largueza. Qué bien los ha identificado Pascal Boniface. Nada que ver con ellos. Virilio defiende a capa y espada su independencia, martillea sin cesar contra el pensamiento único, disecciona a fondo los tópicos que merodean en el ambiente e impregnan la mente de quienes sumisamente se prestan a ellos. 

Desde los temas que profesionalmente me interesan, Virilio tiene el mérito de enraizar sus reflexiones en un sólido tratamiento de la realidad territorial, particularmente de la urbana, como reflejo de su condición también de arquitecto. De ahí que en estos tiempos en los que los ciudades constituyen escenarios de conflicto y esperanza, de desasosiego y encuentro, de miedo y movilización social tenga pleno sentido recurrir a las ideas que mejor nos permiten entender la realidad en la que nos desenvolvemos.  Una realidad que deliberadamente aparece envuelta en esa atmósfera enrarecida que surge en función de los temores y ansiedades a que induce la falta de horizontes alternativos y la preocupación obsesiva por lo que pueda ocurrir en un momento imposible de controlar. José Luis Sampedro lo resume bien con la clarividencia que le caracteriza y la autoridad que le procura la experiencia y un riguroso sentido de la crítica inherente al compromiso del intelectual responsable y sensible hacia cuanto ocurre a su alrededor. 




La lectura de la obra es de todo punto recomendable, ya que no sólo esclarece el sentido y alcance de las implicaciones que en el comportamiento social provoca la transmisión del "miedo" con los efectos bloqueantes que desde el punto de vista psicológico provocan sino que al tiempo sirve como soporte de un interesante y necesario debate en torno al significado de los movimientos de indignación ciudadana, surgidos hace un año y que tuvieron en España su escenario de arranque y difusión para adquirir al poco tiempo proyección internacional. Y ahí siguen. 


Burgos, 18 junio 2011



11 de mayo de 2012

Utilizar políticamente la palabra falseando su significado

Cuidado, heles ahí. Sin complejos, a cara descubierta, y ajenos a los diccionarios o a los textos de referencia, que precisan el valor de la palabra, emergen con fuerza los nuevos teóricos del pensamiento distorsionado, de la expresión engañosa y del eufemismo cínico. Cristina Fernández, la que ahora manda en la Argentina, que dice no ser "patotera" y que  denuncia a los periodistas críticos mientras se niega a que le hagan preguntas, acaba de proclamar que lo que hace es "modificar el curso de la historia", dando a entender que el presente no tiene pasado y que lo que ocurre bajo su mandato es de lo más innovador y revolucionario que imaginarse pueda, cuando, a poco que se analice lo que hace y lo que dice en la perspectiva del tiempo, nada hay ni de lo uno ni de lo otro. Lo proclama a grito pelado en Buenos Aires mientras el aire se enrarece al son de la agobiante y tramposa parafernalia peronista, que encandila a amplios sectores de la sociedad a cambio simplemente de demagogia a raudales, de verborrea engañosa, y de sinecuras sin cuento a los que lideran los movimientos sociales clientelarmente controlados y retribuidos por ella. 

Entre tanto, en la ciudad que otrora se llamó Santa Fe de Bogotá, y hoy simplemente se conoce como la capital de Colombia, Rajoy Brey, el gobernante español también refractario a las preguntas no previstas y que huye de las ruedas de prensa como de la peste, ha proclamado no ha mucho a los veinte vientos que se forman en el entorno de los Andes que lo que él está haciendo es nada menos que "refundar" el Estado de Bienestar, ese modelo que tiene en Europa una tradición arraigada y cuyos parámetros e indicadores se sustentan en principios que no admiten equívocos. A la vista de lo que sucede y del panorama a que da lugar, la palabra "refundar" resulta tan ofensiva como impertinente, si no fuera porque la credibilidad del personaje  y la confianza en él- los sondeos de opinión así lo avalan -  ha tiempo que se esfumaron para muchísima gente. 

Mas no son los únicos. Toda una nueva jerigonza intencionada - llena de tropos, sinécdoques o pleonasmos - emerge en el panorama lenguaraz de la mayoría de los políticos actuales, sobre todo cuando están en el poder, que recurren a las engañifas retóricas para sortear la realidad, maquillar sus responsabilidades y ofrecer, a la postre, el mensaje más propio del gato correoso que de la liebre transparente y diáfana. Al parecer, por esos derroteros va a circular, lo está haciendo ya, el estilo de hacer política de nuestros días: enmascarar la realidad mediante el empleo del lenguaje tergiversado. Toda una operación de marketing de palabrería mendaz se apodera de la escena, mientras se alerta a la tribu mediática, que vive a sus expensas, de que ése es el guión a seguir, por lo que no cabe otra actitud que la transigencia con el trampantojo.

Espacios transformados (8): Cuando el paisaje de la educación queda eclipsado por la poda implacable




La verja nunca ha marcado una separación drástica entre la plaza y el espléndido edificio que desde hace más de un siglo simboliza la enseñanza secundaria pública en la ciudad que baña el Pisuerga. Es una verja noble, cuidada, esbelta, pero sobre todo transparente y diáfana, que no impide ver lo que ocurre dentro de su perímetro. Más que disuadir, invita a la visita porque da la sensación de que algo importante puede suceder tras ella, una vez franqueada. Durante años de sus aulas han salido millares de alumnos que han puesto en evidencia que, lejos de perder el tiempo y de malgastar los recursos que se las destinaban, daban buena cuenta del saber hacer de la mayoría de su profesorado que, sin estridencias ni vanaglorias, con esfuerzo y sensibilidad, se limitaba a prestar su servicio en medio de un reconocimiento social por debajo del que realmente merecía. Labor callada, labor positiva, labor solidaria, empeño con proyección de futuro. 


De pronto, la verja ha perdido su imagen de siempre para servir de escenario de la tragedia y de las inseguridades que se abaten sobre el entorno por ella resguardado. El espacio se transforma a medida que sobre él acechan los símbolos que amenazan la calidad y los horizontes de la tarea ejercida. Manos anónimas se han encargado de darlo a conocer a cuantos se acercan al recinto para demostrar que algo tan simple como unas tijeras encierran un significado demoledor. Lo que ellas representan, el recorte sin miramientos, no hace sino reproducir en la mente y dejar vívida en la memoria de quienes las contemplan la incómoda sensación de que lo conseguido va a quedar seriamente dañado sin otra pretensión que la de aplicar a la educación el escalpelo reductor mientras se desestiman o menosprecian las regresiones cualitativas que de ello se derivan. Es la mutilación por la mutilación, el desmoche sin paliativos, cercenando precisamente aquello que hace a una sociedad más justa, más culta, mejor integrada y más solidaria, mientras incólumes permanecen los privilegios deliberadamente situados y protegidos a extramuros de la crisis.


No tardando mucho, el tiempo se encargará de demostrar las consecuencias letales de tales medidas, pero para entonces las tijeras de papel que encuadran la perspectiva del Instituto Zorrilla de Valladolid habrán desaparecido por efecto de la intemperie mientras su huella permanecerá indeleble en el desempeño de una tarea de cuya calidad y satisfacción depende el futuro del país. 

9 de mayo de 2012

Ante un escenario de desigualdad creciente y de incumplimiento de los compromisos solidarios todas las voces son necesarias



La lucha por la solidaridad no sólo debe referirse a las  actuaciones que se muestran sensibles con los problemas y las dificultades que afectan a los millones de personas sumidas en el subdesarrollo. Por lo común las posturas planteadas con tal fin se decantan primordialmente y de manera justificada a favor de las situaciones derivadas de la miseria, la desigualdad y la injusticia en los escenarios más críticos de la Tierra. Sin embargo, la mirada en esa dirección no debe impedir centrarla también en aquellos otros que nos son más cercanos, que coexisten con nosotros en la cotidianeidad de nuestro entorno, que tenemos incluso al alcance mismo de la mano. Y es que cuando nos aproximamos al conocimiento de las dimensiones que alcanza la desigualdad en los países que consideramos avanzados, los datos acusan sin paliativos la magnitud de la brecha que separa a los ricos de los pobres.


Número de veces que la renta media del 10% de la población más rica supera la renta media del 10% de la población más pobre. Fuente: OCDE (2011)
Basta echar un vistazo a los datos publicados por la OCDE para percatarse de hasta qué punto la dualidad social marca de forma indeleble el panorama social a través de una información suficientemente expresiva como para inducir a profundizar en ella y conocer de cerca, sin tapujos, cómo se manifiesta en la vida de los ciudadanos y en el despliegue o frustración de sus oportunidades en un panorama que en modo alguno debe ser simplificado o ignorado
Claramente por encima de la media figuran países que ocupan una posición destacada en el ranking del desarrollo. He ahí, bien identificados, los nombres de Australia, de Japón, de Canadá, de Italia, del Reino Unido, de Israel, de Estados Unidos y de Chile, uno de los Estados socio-económicamente más contrastados del mundo. En ese grupo figura también España, donde, para precisar la dimensión del problema, la renta media del 10% de la población es casi doce veces superior a la renta media del 10% de la población más pobre.
Ahora bien,  más allá de los datos generales, y centrados en el caso de España, resulta pertinente una llamada de atención sobre los riesgos que amenazan el mantenimiento de los derechos esenciales de la población, entre los que la sanidad y la educación ocupan una posición preeminente. Mientras asistimos al lamentable espectáculo que los sitúa en una pendiente regresiva a medida que los recortes aplicados en los presupuestos del Estado no hacen sino deteriorar lo conseguido en ambos servicios básicos – sobre todo, cuando se comprueba que la reducción del 83 % del presupuesto afecta al gasto público directo, con particular incidencia en la política social, y la reducción de las ayudas en cooperación al desarrollo disminuyen en un 72 % - , no está de más recordar el flagrante incumplimiento de compromisos internacionalmente asumidos que ello representa.
Conviene recordar que España suscribió en 1977 el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales por el que el Estado se comprometía a preservar y defender los indicadores que reflejaban una atención expresa a favor de los derechos que dignifican a la persona y aseguran unos estándares esenciales de bienestar. La comprobación de que las medidas de mutilación presupuestaria adoptadas por el Gobierno en estos capítulos pueden ocasionar un efecto traumático sobre la sociedad, y en especial sobre sus sectores más vulnerables, ha motivado la denuncia presentada por varias ONG ante el Comitéde Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU, alegando que el país incumple compromisos internacionales debido a la adopción de medidas “que derogan garantías legales de los derechos sociales” y ante la constatación de que las políticas que se están impulsando, como la reforma laboral, la reforma sanitaria y la reforma educativa empeoran la situación de los grupos sociales vulnerables.

En cualquier caso, nos encontramos ante una transgresión flagrante de los principios inherentes a la solidaridad que, por lo que se ve, es un valor en crisis, gravemente amenazado en todo el mundo y cuya defensa requiere voces enérgicas y contundentes en todo tipo de foros y espacios de relación.

6 de mayo de 2012

Francia como referencia histórica


Estatua alegórica de la Republique française en Lille 

¿Quién no ha criticado alguna vez a Francia? ¿Cómo olvidar los agravios, las desconsideraciones, los menosprecios que a veces se han hecho a los españoles desde los centros de poder, de la economía o de la cultura franceses? Sin embargo, también perviven diáfanas en nuestra memoria las muestras de interés que ese país ofrece cuando lo contemplamos desde la perspectiva que lo presenta como protagonista de hechos históricos que han marcado con letras y acontecimientos indelebles la evolución y el progreso de la Humanidad. 

Mirar hacia París nos resulta no solo evocador de lo que la ciudad más bella de Europa ofrece como manifestación espacialmente representativa de hitos definitivos y esenciales en la defensa y en la lucha por la libertad. La Bastille, la Commune, les Champs Elysées de la "libération", el Quartier Latin, les Jardins de Luxembourg, Nanterre ... afloran siempre como paisajes fundamentales cuando se valora lo que Francia representa a la hora de abrir nuevos rumbos y luces alentadoras en los túneles cegados de la historia por el pensamiento opresor y monocorde.

¿Ocurrirá ahora cuando la Unión Europa se ve encenagada por el discurso único que todo lo bloquea y lo reduce al estigma de la insolidaridad y del sálvese quien pueda? ¿Hasta qué punto será posible avanzar por derroteros que permitan recuperar las confianzas perdidas, restablecer las ilusiones frustradas y restañar los derechos lesionados? Por muchos aspectos sigue siendo un país criticable, aunque, con todo, no es fácil sustraerse a la sensación esperanzada que en momento difíciles proporciona escuchar La Marseillaise.



30 de abril de 2012

Espacios transformados (7): la frontera ya no es lo que era






Las fronteras han dejarlo de serlo allí donde el tránsito de un país a otro se efectúa sin ningún tipo de obstáculo. Ocurre en la Unión Europea, donde se tiene la sensación de que, en efecto, las fracturas creadas por la historia han sido superadas merced al decidido propósito de configurar, con mayor o menor fortuna, un territorio plenamente integrado. Es cierto que los límites permanecen estrictos desde fuera de ese ámbito pero quedan desvaidos cuando el viajero se desplaza sabiendo que lo hace a un espacio que no es el suyo pero que siente vecino y compartido.
Sin embargo, quienes hemos vivido los momentos en los que la muga era línea rígidamente marcada no podemos desprendernos de los recuerdos que nos remiten a situaciones a veces complicadas y casi siempre marcadas por la ruptura temporal de la movilidad. Cuando en las condiciones actuales  cruzamos la frontera solitaria, el instinto, motivado por la memoria, lleva a suavizar la marcha, a mirar para los lados, tratando de encontrar los restos abandonados de las viejas aduanas que antaño tanto entretenían, a retener en la mirada la señal o la bandera que indicase que ya se encontraba uno, al fin, en otro Estado. Apenas influía la continuidad del paisaje para camuflar que se trataba de un espacio políticamente discontinuo, sensación ya muy matizada ciertamente cuando la frontera se extingue pero de la que, en el fondo de la mente, no resulta tan fácil liberarse, pues en el ánimo se acentúa la sensación de espacio desolado al venir a la mente la imagen de las concurrencias que antaño se formaban en torno a ella. 



En ello se basa, creo yo, la pervivencia psicológica de la frontera como realidad asumida y superada a la vez, como reflejo de un hecho que el tiempo se ha encargado de desvanecer pero cuyas reminiscencias todavía perviven aunque sólo sea por la evocación que proporcionan esos carteles, irrespetuosamente tratados cuando esas manchas que hoy lo cubren eran ayer totalmente inconcebibles. 

29 de abril de 2012

No hay estrellas que brillen sobre Palestina


El actor George Clooney es detenido frente a la embajada de Sudán en Washington al protestar contra la violencia del régimen que subyuga a aquel país africano


De vez en cuando, como si de una aparición programada se tratase, los medios de comunicación se encargan de dar a conocer la entrega que a favor de causas justas y merecedoras de apoyo ofrecen algunos de los nombres más rutilantes de nuestra época. Ya pasó con la desafortunada Diana Spencer, princesa de Gales, aquella mujer de gran prosapia que periódicamente se dejaba ver rodeada del desolador entorno que forman los niños hambrientos del África profunda. También nos llegan noticias de que en ambientes similares centran sus preocupaciones nombres sonoros de la pantalla, como Sean Penn, George Clooney, Colin Firth, Javier Bardem, Angelina Jolie, Serena Williams, Richard Gere,  Shakira, Madonna y otros muchos de no tanta resonancia. Y, desde luego, no se puede ignorar, pues aplauso merece, el apoyo que uno de los hombres más potentados del mundo, Billy Gates, presta, junto con su esposa, a la lucha contra enfermedades endémicas y atroces en los lugares más trágicos de la Tierra, y particularmente en el siempre necesitado mundo africano. 


Evidentemente, nada habría que objetar a esas muestras de generosidad, filantropía o sacrificio que, calculadamente adobadas en algunos casos con ciertas dosis de mercadotecnia, manifiestan los personajes de la moda con gran poder de convocatoria, y que hay que valorar positivamente, aunque solo sea porque, más allá de los fondos que pudieran aportar, no dejan de ser expresiones sinceras de una voluntad empeñada en poner de relieve problemas que parecen olvidados y de dejar también al descubierto las ostensibles ausencias, clamorosas, que aún se dan en ese mundo de la popularidad plagada de egoísmos, banalidad y solidaridades entecas. 


No obstante, trato de observar con más detalle el panorama de las figuras siderales y me cuesta percibir rasgos del mismo cariz y con análoga contundencia en otros escenarios tanto o más preocupantes. Sin duda el mundo está lleno de problemas humanitarios, que se enquistan y a los que no se ve solución; problemas crónicos, enraizados en la historia y que, al no resolverse, se agravan sin cesar hasta adquirir perfiles tan atroces que ponen en evidencia la incapacidad de las instituciones internacionales para conseguir superarlos. Entre ellos, cuanto sucede en Palestina representa una de las manifestaciones más lacerantes e indignas de nuestro tiempo. Son tantos los elementos de juicio, los hechos inequívocos, que lo corroboran que huelga mencionarlos aquí, pero nada debe impedir evocar la magnitud de la tragedia y su persistente agravamiento, trayendo a colación las voces israelíes que no dejan el tema abandonado a su suerte, como ocurre con la de Ilan Pappe, el historiador que no ha dejado de mostrar su sensibilidad por la causa palestina. o con la potente e igualmente rigurosa de Avi Shlaim, autor de una obra extraordinaria - El muro de hierro. Israel y el mundo árabe (Ed. Almed, 2012)-  quien ha llegado a afirmar que "sin resolver el problema palestino no habrá paz en el mundo". 

Son voces importantes, libres y rotundas, pero, por lo que se ve alrededor, no aparecen secundadas en este tema sangrante por los rostros y las palabras de los individuos mediáticos que atraen la mirada de las multitudes, que con frecuencia se enteran de las causas que apoyan porque las identifican con el nombre que colma la pantalla y las revistas del relumbrón. Sin embargo, brillan por su ausencia las visitas a Nablús, a Ramallah, a la Jerusalén árabe, a la destrozada Yenin. Salvo Henning Mankell, el escritor sueco que se esfuerza por revitalizar la cultura en Mozambique, y que ha mostrado en varias ocasiones su compromiso con Palestina, nadie famoso se detiene en Gaza. Ni siquiera se oyen en el cielo estrellado referencia alguna a la mayor prisión del mundo al aire libre como tampoco trascienden las noticias desoladoras que día a día no dejan de revelar su trágica situación. 


Defensa de las causas solidarias, sí, pero que ninguna de ellas quede en el olvido, por más que las manifestaciones de respaldo que se las brinda - y particularmente a la hora de denunciar la atroz ocupación y el latrocinio a que están sometidos la sociedad y el territorio palestinos -   puedan molestar a intereses muy poderosos y vengativos mientras las otras son contempladas por éstos incluso con admiración y sin atisbo alguno de mala conciencia.

23 de abril de 2012

Mensajes en la calle (34): Homenaje a las Bibliotecas públicas en el Día del Libro

Acostumbro a visitar la Biblioteca pública que está cerca de mi casa. Y no lo hago porque esté cerca, sino porque me agrada, porque está bien dotada, porque la atención es magnífica y porque siempre encuentro lo que quiero. No es un lugar vacío. Rezuma vida y actividad, son muchas las personas que la frecuentan; acuden a ella para leer y relacionarse, para sentir la sensación de que los libros, las revistas, los diarios..... están a su alcance y, con toda libertad y gratuitamente, pueden acceder a ellos y sentirse por unos días que les pertenecen. 

Es la satisfacción que proporciona el disponer de un bien público sin menoscabo alguno de la privacidad, que se disfruta en un ambiente de respeto y silencio. Un ambiente donde uno tiene la sensación de que toda la creatividad del mundo se encuentra a su disposición, sin más esfuerzo que el de empeñarse en hacerla suya.


Hace unos días me encontré, a la entrada, con un panel que no había visto hasta entonces. Un panel repleto de mensajes, que los lectores han ido dejando a lo largo de los días para expresar lo que sienten cuando acuden a un espacio cuya misión no es otra que la de facilitar la lectura sin coste alguno. Lectura libre, lectura autónoma, lectura crítica, lectura, al fin. 


Entre estos mensajes  he seleccionado varios, porque creo que expresan muy bien lo que personas sensibles sienten cuando se encuentran de pronto inmersas en un ambiente en el que todo le resulta enriquecedor. Son perspectivas diferentes, matizadas por la edad y por las vivencias de cada cual, mas, en conjunto, un mismo afán las integra y las hace partícipes de una intención compartida: la de reconocer lo que el contacto con el libro representa en sus vidas como parte esencial de una experiencia de la que extraer lecciones decisivas, que jamás se olvidarán. 


De ahí la necesidad de traer a colación – precisamente en el Dia del Libro, que es también el que recuerda lo que significan las Bibliotecas Públicas - este tipo de testimonios, creativos, sinceros y motivadores en estos tiempos en los que la cultura está amenazada por la banalidad y la reducción de los presupuestos asignados a ella, riesgo  que particularmente se cierne sobre las Bibliotecas públicas y que ha motivado esta eclosión de mensajes reivindicativos de su importancia, esencialmente surgidos de esa juventud enamorada de la lectura.

18 de abril de 2012

"El atroz encanto de ser argentinos"



Buenos Aires, octubre de 2007
En su día (1999) los Kirchner estuvieron de acuerdo en la privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), impulsada por el gobierno de Carlos Menem dentro de aquella oleada de enajenación masiva e indecente de los recursos públicos del país, y que la pareja formada por Néstor y Cristina aplaudió sin reservas cuando ejercían su poder desde la remota provincia de Santa Cruz. Por aquél entonces, producto de una pésima gestión pública, se daba la anómala circunstancia de que YPF había llegado a ser la única empresa petrolera del mundo que arrojaba pérdidas. Adquirida por REPSOL, durante los últimos veinte años el grupo esencial del complejo energético argentino ha formado parte de la estrategia competitiva de las grandes multinacionales en el mundo globalizado hasta alcanzar una posición que la ha situado en uno de los primeros lugares del ranking empresarial dentro del sector. 


Lógica capitalista pura y dura, desarrollada en un marco de coexistencia no fácil entre la empresa, con una participación relevante, aunque minoritaria, de capital español, y el Estado argentino, pero que se ha mantenido, dentro del conocido juego del difícil equilibrio que siempre se produce entre una multinacional privada y el poder político, hasta que la presidenta Cristina Fernández ha decidido expropiar la fracción argentina de la compañía (de cuyas acciones Repsol posee el 57,4 %) sin los trámites a que obliga la legislación internacional, garantista para el Estado y para las empresas, de modo que las actuaciones llevadas a cabo por una u otra parte deben ajustarse a la jurisprudencia establecida que no excluye la nacionalización siempre que haya motivos justificados y se llegue a la liquidación mediante un justiprecio objetivo. Sin embargo, ha dejado intacto el paquete de acciones que, equivalente al 25,4 % del capital, posee el Grupo privado Petersen, perteneciente a la familia argentina Ezkenazi, amiga de los Kirchner, y que permanece en silencio ante la decisión adoptada.
Personalmente apoyo la idea de que los países sean dueños de sus recursos y se beneficien de ellos porque son materialmente suyos. Pero también, y cuando su utilización se adjudica a empresas privadas, sobre la base de acuerdos y compromisos basados en el respeto mutuo y en el trato justo, considero que la ley debe prevalecer encauzando, conforme al Derecho Internacional, todas las situaciones que se planteen. Es un contexto jurídico al que debe acogerse la empresa, pero que en modo alguno ha de plantearse por parte del Estado en el que la empresa afectada tiene su sede como una identificación plena con los intereses de aquélla, so pena, como puede ocurrir en el caso del gobierno español, de encontrarse con desaires e indiferencias no deseados. Otra cosa es el respaldo en pro del cumplimiento de la ley, pero nunca sobre la base de la defensa de una relación presentada de manera privilegiada.
Dicho esto, resulta muy cuestionable el procedimiento expropiatorio utilizado por Cristina Fernández, por dos razones, que tienen que ver con el contexto en el que la decisión se adopta: la primera, porque todo parece indicar que en ella juega un gran papel la presión ejercida por los gobernadores de las provincias en las que la compañía opera, y que en los últimos años han entorpecido la labor de Repsol en sus respectivos feudos de poder, a menudo con exigencias contradictorias; y, la segunda, porque, en el peculiar contexto de la política argentina, las conocidas soflamas peronistas encuentran en este tema un terreno bien abonado para consolidar el poder omnímodo de la Presidenta, enmascarar los costes de una pésima gestión de la economía (con tasas de inflación galopantes, que estadísticamente aparecen manipuladas a la baja, propio de un país escasamente fiable en este sentido), anular los movimientos de contestación hacia una forma despótica de ejercer el poder (a cuyo amparo se han producido el enriquecimiento sorprendente de la familia Kirchner y una lucha implacable contra la libertad de expresión), exacerbar demagógicamente el sentimiento nacionalista, coincidiendo además con el aniversario de la derrota de las Malvinas, y dar satisfacción a las camarillas y tupidas redes clientelares que controlan el aparato del Estado, y que tanto daño han hecho a la imagen exterior del país. Entre los argumentos esgrimidos se alude también a los impactos ambientales provocados por las explotaciones "hidrocarburíferas" de Repsol. El argumento es cínico hasta el extremo, sobre todo cuando se analizan los enormes destrozos ecológicos provocados por las economías mineras, y que son de una extrema gravedad y generalización sin que hasta la fecha nadie de la Casa Rosada haya dicho nada al respecto. A lo cual habría que añadir las numerosas tergiversaciones detectadas en la información que en el Decreto se denuncian sobre los motivos que tratan de justificar la incautación. 

El hecho de que el reparto de la masa accionarial de la empresa expropiada se distribuya, casi a partes iguales, entre el Estado central y los gobiernos provinciales, creando así un escenario proclive a la confrontación de intereses, aporta un elemento de juicio sobre el tipo de componendas que marcan los ejes de la política argentina, agudamente analizada por el escritor bonaerense Marcos Aguinis en sus reflexiones sobre “el atroz encanto de ser argentinos”, y que conviene leer para darse cuenta de cómo se hacen las cosas en ese país, difícil de entender con los criterios a los que habitualmente estamos acostumbrados. Tras haber leído las obras que Aguinis dedica a la historia argentina, recurro al título de algunas de sus más representativas para enunciar esta entrada.  


Por otro lado, no parece desacertada la idea de entender este suceso en el marco de una cierta desafección hacia la Unión Europea, sumida en una profunda crisis y no suficientemente cohesionada para dar una respuesta unánime ante un problema que muchos entienden de carácter bilateral. Y, desde luego, no tardaremos en percatarnos de hacia dónde se encamina la medida llevada a cabo, sin olvidarnos, como afirma el venezolano Moisés Naïm, que "Argentina tiene una larga, conocida y triste historia de nacionalizaciones que solo trajeron pérdidas, corrupción y miseria". Puesta a prueba - y de qué manera y a cortísimo plazo - la capacidad del gobierno argentino para gestionar sus recursos petrolíferos en un panorama tan complicado - técnica, económica y financieramente- como el actual, pueden ocurrir tres cosas: o bien conseguir que la operación sea un éxito, lo que no dejaría de ser llamativo, y sin duda encomiable, teniendo en cuenta el nada halagüeño balance que ofrece en Argentina la gestión de lo público; o bien culmine en el fracaso, que personalmente lamentaría, aunque de ningún modo es una opción descartable; o que, a la postre, y en un escenario apremiado por la necesidad de que las cosas funcionen, el patrimonio acumulado por YPF-Repsol acabe formando parte de los activos de otro grupo privado extranjero, en cuyo caso no sorprendería la aparición en escena de algún conglomerado empresarial radicado en Asia (¿y porqué no en otro lugar de Europa? ¿y porqué no en Rusia?) habida cuenta del sesgo proasiático que desde hace algún tiempo están mostrando muchos países del mundo latinoamericano.

15 de abril de 2012

Cuando las paredes sirven para vencer al olvido






Dibujar un inmenso mural unificado por las múltiples evocaciones que suscita la bandera tricolor supone, desde la perspectiva de quien lo hace y de quienes lo admiran, el reconocimiento de que los valores republicanos significan algo que no debe quedar relegado al olvido. Más allá de lo que representó la efímera experiencia republicana española, proclamada hace 81 años, es evidente que el espacio público cobra vida y se enriquece cuando el espíritu reivindicativo de los promotores de la idea y el talento del artista que lo plasma en la pared manifiestan que el ideario construido sobre las ideas de libertad, solidaridad e igualdad no solo sigue teniendo pleno sentido sino que su reclamación es más necesaria que nunca en estos tiempos de expolio frenético de lo público y de desmoche implacable de lo que más dignifica al ser humano que es su derecho a ser reconocido como sujeto de los derechos que tanto ha costado conquistar.



Concebido y diseñado por Manuel Sierra, ese pintor leonés-vallisoletano, de cuya amistad me honro y que siempre se ha mostrado tan brillante como batallador y coherente, sin concesión alguna a la banalidad y a la estética huera, el mural ha sufrido, está sufriendo, la inquina de los miserables que lo borran o denigran porque nunca serán capaces de entender el valor de la cultura y de la libertad. Aunque desaparezca, el dibujo sobrevivirá en la imagen gráfica preservada.




Será también una referencia poderosa e inolvidable en la imaginería de la ciudad de Valladolid, porque, ocurra lo que ocurra, siempre estará presente en el recuerdo el día en el que la pared de la calle Juan de Mambrilla apareció de pronto embellecida por los colores y los símbolos que propugnan una vida mejor y que al tiempo sirven para que no queden sumidos en el olvido a cuantos los defendieron, particularmente en ese mundo tan maltratado de la enseñanza en libertad. Quizá no lo entiendan todavía las monjas, de origen latinoamericano, que pasan de largo; pero el joven que, sentado en el banco, contempla la paloma de la paz, vecina del barco palestino, no tardará en percatarse de que algo más que vivo colorido anida en ese mensaje, henchido de símbolos merecedores del máximo reconocimiento, de la más sensible de las atenciones.

8 de abril de 2012

Opiniones desaparecidas, ausentes debates



Apenas ha pasado poco más de un año y seguramente muchos ya lo han olvidado. Con cuánta pompa y circunstancia un grupo de personajes conspicuos de la economía y del think tank mediático español presentaron a los cuatro vientos un informe que iba a solucionar para siempre "los males de la patria", que diría el gran Lucas Mallada. A la sazón gobernaba, lánguido y abatido ya, el Sr. Rodriguez Zapatero, de quien nunca más se supo. Todo un mensaje el de esos caballeros en la línea de flotación del Gobierno de entonces, al que pretendían poner en evidencia, recurriendo incluso a la presentación de su propuesta al Jefe del Estado, a fin de que la resonancia de sus intenciones, la máxima y más contundente posible, no admitiese paliativos. No ha llovido mucho, la verdad, pero los vientos de la zozobra y la inquietud se han apoderado del país, mientras el debate se ha simplificado sobremanera hasta el extremo de empobrecer el panorama de forma increíble. Abrumados por el objetivo unidimensional que centra exclusivamente la atención en la palabra redundante y obsesiva - "déficit, déficit, déficit" - ha desaparecido como por ensalmo toda referencia, siquiera sea aproximativa, hacia el rumbo al que se orienta España en medio de este agobiante tremedal en el que nos desenvolvemos.

Cuando miramos al futuro, no sabemos qué decir, pues nadie habla ya de modelo de futuro, ni de lo que haya de ser España cuando, en tan solo año y medio, observemos, impávidos y desconsolados, los restos del naufragio a que nos conduce la demolición de lo queda de Estado del bienestar. Ni una palabra se dice sobre el escenario a perseguir, sobre qué hacer con nuestros recursos, con nuestros científicos, con esos profesionales que en el día a día se esfuerzan sin saber bien qué va a ser de ellos. Se recurre, para salir del paso e intentar transmitir una vaga sensación de confianza, a la frase hecha, al argumento repetitivo que, de manera mecánica y predeterminada, asocia el despegue al momento en el que – sacrificado todo lo sacrificable y con fuerte retracción del consumo en un contexto de deterioro abrumador de la capacidad adquisitiva como resultado de un desempleo masivo – se considere que un nuevo ciclo expansivo hará acto de presencia sin anticipar cuándo, ni cómo ni con qué dimensión. Como una especie de latiguillo memorizado se ha impuesto este discurso – “relato” lo llaman ahora algunos periodistas - entre los que defienden la estrategia seguida, por más que no acabe de aportar los efectos pretendidos ni se atisbe tampoco cuándo vaya a ocurrir

¿En qué quedó, señor Serra, aquel documento de tanta prosapia, aquellas ideas que iban a revolucionar España y a sacarla de la postración y del marasmo en qué estaba sumida? Silencio sepulcral por parte de los otrora campeones de la opinión cautivadora y necesaria. Se apagaron como la vela incapaz de sobreponerse al flujo del vendaval que todo lo arrasa. En medio de ese panorama de discurso único desde el poder, se echa de menos la voz y la palabra de los que creían tener el futuro en sus manos. En realidad, ¿era tan sólida como se pretendía?

1 de marzo de 2012

La investigación española en situación de riesgo


Un cartel desvaído por el paso del tiempo y la fuerza inclemente del sol recibe al visitante que se acerca al edificio más emblemático de una prestigiosa Universidad española; en esta ocasión, el rectorado de la Autónoma de Madrid. El texto difuminado es reflejo elocuente de algo que declina, de mensajes que se borran si nadie los renueva. Es una imagen que podría pertenecer a cualquier otra, porque todas están sumidas en la incertidumbre que aqueja al futuro de la investigación científica en España. Cuesta hacerse a la idea de que el país pueda salir de la crisis haciendo mella en las perspectivas de su panorama investigador, sobre todo cuando siempre se ha partido de la idea de que es el soporte que aseguraría el cambio de modelo, tan necesario para salir de ese círculo vicioso que nos lleva a la fragilidad dada la inconsistencia de los pilares en los que reposa nuestro modelo de crecimiento.
Al lesionar los presupuestos en investigación, España se aleja de los ámbitos que en Europa y en el mundo simbolizan las posibilidades a que conduce un baluarte científico vigoroso y bien dotado. ¿Qué esperanzas nos queda cuando el ministro de Economía y Competividad, que tal atribución lleva en el cargo, ni una palabra dice de la investigación que garantiza la posición competitiva del país? Da la impresión de que esta competencia le resulta tan extraña como incómoda o quizá ignorada.

Son numerosas y contundentes las advertencias que denuncian los riesgos que corre España si esa tendencia no se corrige con la voluntad y determinación que requiere. Así lo ha señalado un reciente informe de la Comisión Europea y de ello se ha hecho eco también el informe de Comisiones Obreras relativo al agravamiento del desfase que en este aspecto nos separa de los países más avanzados de la Unión Europea, mientras el Ministerio de Educación paraliza las inversiones de sus “campus de excelencia”, como acaba de suceder en quince comunidades autónomas, ya que las ayudas previstas no cumplen con el Plan de Estabilidad Presupuestaria, según ha indicado el inefable titular del ramo.

Constituyen, en cualquier caso, manifestaciones palmarias de una situación crítica que evidencian el rumbo lamentable que al respecto están adoptando las administraciones españolas y que no hace sino conducir por los caminos de la frustración y la desesperanza a muchos de cuantos componen formidable núcleo de investigadores con que cuenta el país, y que difícilmente podrán conformarse con los señuelos que les llegan de otros países, algunos de los cuales, como Argentina, les tienden la mano en un ejemplo elocuente de lo mucho que han cambiado las cosas en esta última década. A nadie sorprende que, si la investigación científica decrece o se difumina en la nebulosa de lo incierto, las miradas de quienes buscan los derroteros de salida queden fascinadas ante la posibilidad de que el modelo a seguir venga de la mano de proyectos que, como el impulsado por Sheldon Adelson y su Eurovegas, acentúan más la imagen de España como el paraíso del cachondeo sin tapujos, del negocio fácil y de la especulación incontrolada. Mientras tanto, y a la espera de la próxima burbuja, que el azar nos proteja.

26 de febrero de 2012

Espacios transformados (6): El primer pueblo abandonado en España



Se dice de él que fue el primer pueblo abandonado, por completo, en España. Quizá fue de los primeros sin duda, allá por 1956, antes de que el éxodo hiciera mella con fuerza en un mundo, el rural, cuyas gentes poco después habrían de fluir masivamente a la ciudad, con esperanzas no siempre bien fundadas. A 1.100 metros de altitud, sufrió el abandono no por su lejanía o las dificultades de acceso, sino por la pobreza de la tierra, por la miseria irrecuperable de un suelo que apenas daba para vivir y porque nadie veía futuro capaz de contrarrestar las expectativas ofrecidas por Baracaldo y sus Altos Hornos, a donde fue a trabajar un vecino que nada tenía y logró arrastrar a los demás, tras comunicarles que por primera vez en su vida había visto nada menos que un billete de mil pesetas "juntas".


Me lo contó mi abuelo que era de cerca. Desde entonces siempre he pensado que ver "mil pesetas juntas" era como contemplar, como descubrir, la tierra prometida.

16 de febrero de 2012

Nicolás Sarkozy o la presunta "fortaleza" del débil

Le costaría mucho desengancharse del duumvirato que ha acabado gobernando la escena comunitaria europea sin que, salvo en sus países, nadie les haya elegido para ello. Se llevaría un disgusto si dejase de ser el comparsa de la recia y con frecuencia adusta canciller alemana, que se impone a los gobernantes de la Unión hasta el punto de convertirlos en unos meros autómatas a sus órdenes y directrices. Difícil es encontrar algo en la historia de Francia durante la presidencia de Nicolas Sarkozy que sea merecedor de reconocimiento y admiración. La hiperactividad desplegada no se ha traducido en nada que merezca ser valorado positivamente de cara a su reelección. Cuánto ganarían Francia y la Unión Europea si el Palacio del Elíseo cambiase de inquilino y se impusiera un estilo menos frívolo, menos banal y más consciente de los problemas y de sus soluciones. Sin el confuso colega de marras, la propia Merkel se sentiría más obligada a tener en cuenta a la sociedad real y no a los intereses financieros y especulativos a los que sirve sin rechistar para obligar a los demás a que los sirvan también, mientras la UE se deshace en el magma de su propia inanidad.

Dispuesto a seguir su trayectoria de corredor errático, " à tout azimut", Nicolás ha emprendido la carrera preelectoral con mensajes que causan sonrojo y que ponen en evidencia la catadura de la mayor perte de los políticos europeos. A partir de un populismo barato - "soy el candidato del pueblo", dice sin ruborizarse, a la par que propaga la especie de que todo lo someterá a referendum - se identifica con la fortaleza mientras todo en él es vacuidad de vacuidades, para concluir afirmando que la derecha y la izquierda han dejado de existir, utilizando ese lugar común tan querido de la derecha, redundante hasta la náusea en la afirmación de que ambas son iguales e indiferenciadas. Qué más da, si lo que cuenta es "la fortaleza", concepto vacío de contenido cuando no se precisa en qué consiste.


Sin embargo, creo que nunca como ahora es tan necesario deslindar ambas posiciones y recuperar un pensamiento de solidaridad, de defensa de la igualdad, de apoyo a lo público, de lucha contra la exclusión, como reactivos frente al sálvese quien pueda, al discurso único y sumiso, a la mediocridad de los que carecen de voz propia para asumir acríticamente la que le imponen, a la verborrea del coyote correcaminos, que anda compulsivamente en todas las direcciones para acabar siempre en el mismo sitio. Mismamente como el chico que ejerció de alcalde en Neuilly-sur-Seine hasta que pensó que podía ser alguien en la historia de Europa sin ser consciente de sus limitaciones.

12 de febrero de 2012

¿Indignación o resignación?


Plaza Mayor de Valladolid (España). 19 de junio de 2011
Como un vendaval de palabras y de furia irrumpió Stèphane Hessel en la escena política y cultural del mundo, aunque los motivos de su clamor surgieran de una aguda reflexión sobre la realidad europea. En España sus frases y textos hicieron mucha mella hasta el punto de que las ideas vertidas en su libro "Indignáos", sencillo, contundente y provocador a la vez, encontraron un eco como hacia tiempo que no se veía en este panorama nuestro de intelectuales demasiado timoratos o evasivos en sus actitudes y críticas. A punto está de culminar el año desde que estalló de pronto el movimiento de los indignados, que llenó las calles y las plazas de las ciudades españolas - no olvidemos que, con un efímero precedente en Atenas, fue precisamente en España donde cristalizó en un movimiento prolongado, de gran resonancia mundial y con fuerte impacto urbano - y que, de momento, ha tenido un epílogo sonoro en el corazón de Nueva York, que aún colea, aunque bastante mortecino.
Leer la entrevista que Álex Vicente ha hecho recientemente a Héssel en Berlín supone un aldabonazo en la mirada de quienes se interesan por lo que sucede en el espacio público. La perspectiva alcanzada es suficiente para que el inspirador de aquel mensaje ofrezca un panorama de algunas luces y bastantes sombras, que dan lugar a la crítica justificada. Cuando señala que "el movimiento indignado acabó llevando a la derecha al poder" en España, uno se pregunta si esa conclusión es correcta o cuestionable, sobre todo porque carecemos de una valoración clara y sincera en ese sentido. No estaría de más que se hiciera, que se analizase bien qué ha sucedido y porqué.

Tras la primavera y el verano de manos en alto y voces rotundas al viento, llegó el otoño de miradas calladas y el invierno de brazos caídos. Hasta ahora. Silencio en el ambiente y poco más. Mientras tanto, se indulta inconcebiblemente a un banquero inicuo, pirañas de la pésima gestión financiera consiguen impúdicas recompensas que ofenden el sentido común, las elecciones se traducen en la mayoría superabsoluta de la derecha que involuciona a pasos agigantados (magnífica a este respecto la columna - "Involución" - de Miguel Delibes de Castro), el hombre que ha hundido a la Comunidad Valenciana en la miseria y que es el contraejemplo de la política digna sale, por los pelos pero sale, indemne de la justicia y consigue el grado de doctor por arte de birlibirloque, el juez que trató de frenar el blanqueo masivo de capitales es expulsado de la judicatura, los abogados de la mafia Gürtel, envalentonados, tratan de invalidar las pruebas del escándalo, se pone en entredicho al juez instructor de la trama Palma Arena, en la que está implicado un duque de altos vuelos y baja estofa, y el mercado de trabajo se sumerge en las simas de la indefensión laboral... ¿qué ha pasado para que pase lo que pasa?
¿Qué rumbo adoptarán, si es que adopta alguno, los clamores a favor de la dignidad y que tanto justifican las posturas indignadas y resistentes?

9 de febrero de 2012

Espacios transformados (5): La normalidad ha vuelto a las calles de Miranda de Ebro

El gran río que cruza por múltiples paisajes y regiones ha recuperado, al fin, su ritmo habitual, acostumbrado ya a las corrientes de tibieza térmica y vapores casi permanentes que presenta a partir de la Central nuclear de Garoña, casi a tiro de piedra. Los leones que flanquean su espléndido puente están ya acostumbrados a estos vaivenes de humor del gran cauce, observador silencioso pero atento de las luces y las sombras que acompañan la historia de esta villa industrial, que se asoma y mira hacia Álava sin perder la perspectiva de su filiación castellana. Los mirandeses se saben ubicados en destacado lugar de encrucijada, cabe Castilla, el Pais Vasco y la Rioja, lo que les permite sentirse cómodos en escenarios tan contrastados, a sabiendas de que en las interfaces que los separa la personalidad mirandesa aparece siempre reforzada hasta el punto de ofrecer una imagen en cierto modo integradora, partícipe de todos ellos.

Muchas son las circunstancias que han marcado su historia reciente para contribuir a que esa entidad que le aporta su situación venga a ratificar aún más el hecho de que lo que sucede en Miranda no debe pasar desatendido, a sabiendas de que, si lo es, ya se encargarán sus vecinos de recordarlo hasta que todo el mundo se entere. Y que nadie olvide su tradición ferroviaria, con siglo y medio ya de perspectiva histórica. Representa esa referencia de transporte convertida en uno de sus símbolos esenciales, que la propia ciudad se encarga de recordar, como la recuerdo yo cuando, camino de San Sebastián en los veranos de mi infancia, el tren correo se detenía en Miranda durante dos horas y media mientras cambiaba de máquina y añadía otra nueva ( en total, dos) para afrontar con el suficiente resuello las pendientes que se le venían por delante, una vez cruzada la llanada alavesa a partir de Alsasua. La carbonilla en verano, con las ventanas abiertas, era terrible, dejaba los ojos como ascuas y obligaba a la ducha nada más llegar. Pero llegaba a San Sebastián, la ciudad de mis sueños infantiles, de mis inolvidables descubrimientos del mar, a más de tres horas de Miranda. Qué tiempos aquellos.



Las calles aparecen hoy sosegadas tras la peripecia que ha llevado a su equipo de fútbol a medirse con el Atlético de Bilbao, sin que hasta casi el último momento se desvanecieran en el aire las perspectivas de hacerlo con el Barcelona C.F. en lo que hubiera sido un hecho insólito en la historia del deporte universal. No ha sido así y lo cierto es que son pocos los que se han sentido frustrados, pues mostrarse en San Mamés, la meca del fútbol, para muchos mirandeses ya era indicio suficiente de que se ha tocado el cielo y de que a partir de ahora su presencia figurará en la crónica de la “catedral” por antonomasia. Sin embargo, las conversaciones han retomado su pulso habitual, por más que todavía coleen los comentarios de la hazaña relativamente inconclusa.

Vuelven los temas cotidianos, los mismos que motivan las preocupaciones e inquietudes de los ciudadanos españoles en estos momentos de grandes zozobras e incertidumbres, de confianzas debilitadas, de Tribunal Supremo sumido en la suprema e inconcebible iniquidad. La crisis industrial hace mella en la villa del Ebro, haciéndola perder la fortaleza de otro tiempo. Mas ello no resta un ápice a ese espíritu de progreso y de sensibilidad de que siempre han hecho gala la mayoría de sus habitantes. Por eso no sorprende que haya sido una de las primeras - ¿quizá la primera? – de las ciudades españoles que en la calle han dejado testimonio de solidaridad y respeto hacia las mujeres víctimas del maltrato y la ofensa. Es algo que debe saberse, pues Miranda es mucho más que el Mirandés, que es mucho.


Monumento, junto a la Plaza de Abastos, en recuerdo a las víctimas de violencia de género (obra de Manuel Páramo, 2007)

Todo ello convierte a esta villa del Ebro alto en un lugar que suena, en espacio transformado, digno de ser incluido en esta serie.
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